© The British Museum

© The British Museum

El conocimiento de la Mitología y la Iconografía, en muchas ocasiones, nos ayuda a el significado de algunas obras de arte, así como puede resultar una ayuda para el estudio y la comprensión de una parte importante de los temas abordados por la Historia del Arte.

Por ello vamos a comenzar un ciclo de artículos dedicados a los diferentes protagonistas de la Mitología, analizando el mito que envuelve a cada personaje y su representación iconográfica a lo largo de la historia, en las diferentes épocas del arte.

Para empezar, elegimos a Zeus, el más poderoso del Panteón griego, el Padre de los dioses y de los hombres. Dios de origen indoeuropeo, ejerce su poder sobre todos los dioses, se instala en las más altas cumbres, mantiene el orden y la justicia en el mundo. Además es el señor de las nubes, del relámpago y el trueno, de la lluvia y de la nieve. El dios que aporta el elemento masculino a la fecundidad “femenina de la tierra”.

Según el mito olímpico, la madre de Zeus, Rea, le salvo de ser devorado por su padre, Crono, y él a su vez logró rescatar a sus hermanos: Hestia, Demeter, Hera, Plutón y Poseidón.

Zeus hizo de su hermana Hera, su esposa oficial con la que tuvo a Hefesto. Además Zeus tuvo numerosas aventuras extramatrimoniales, que iremos analizando, de manera que engendró a Atenea, Apolo y Artemisa, Hermes, Dionisio y, según algunos mitos, a Venus. Completando de esta manera a los doce dioses olímpicos.

Zeus también es padre de muchos de los héroes y personajes de los mitos como Hércules, Perseo, Helena de Troya o Minos.

La imponente figura de Zeus tardó bastante por verse fijada por la plástica. A lo largo del siglo VII aparece en compañía de Hera o en algunos mitos, como el nacimiento de Atenea. Llama la atención la variedad de rasgos con los que suele ser retratado, aunque ya ostenta su larga cabellera, puede aparecer con barba o sin ella y suele vestir con una túnica corta, como los jóvenes. Los atributos varían de una imagen a otra: uno o dos rayos, espada, cetro o lanza, un ave en ocasiones, e incluso a veces alas, como símbolo de su dominio de los cielos.

A partir del siglo VI a.C. cuando la imagen de Zeus se va afianzando. Definitivamente aparece con barba, y poco a poco va abandonando la túnica corta para pasar a vestir la túnica larga, propia de los hombres maduros, y casi siempre lleva manto. Se comienzan a ensayar las dos actitudes fundamentales para sus imágenes presentativas: la entronizada y la erguida. Cuando se le representa de forma erguida, adopta una postura dinámica que mantendrá hasta el siglo V a.C. la del Zeus Keraunios, que avanza desnudo a la vez que arroja el rayo con su mano levantada. En cuanto a los atributos, se van asimilando dos de los más característicos de este Dios, el águila y el rayo.

Figura de Zeus Keraunios)

Figura de Zeus Keraunios)

El clasicismo del siglo V a.C. le aporta las formulaciones definitivas. La vestimenta suele reducirse al manto, dejando ver el musculoso torso. Paulatinamente se va  abandonando la postura dinámica del Zeus Keraunios, para adoptar una postura más sosegada. Los atributos se reducen al fulmen (rayo) o el cetro, y, en bastantes ocasiones, el águila a los pies. Respecto a las figuras sedentes, nos hallamos en el siglo de mayor esplendor de estas creaciones, ya que los artistas más famosos combinan las fórmulas ya fijadas con las necesidades culturales de cada lugar. La obra de Fidias, el Zeus de Olimpia, supone el prototipo máximo de las imágenes del dios.

Zeus de Olimpia

Zeus de Olimpia

Los atributos y la imagen de Zeus son bastante concretas en el Clasicismo y se transmiten sin grandes cambios al Helenismo.

Zeus helenístico

Zeus helenístico

Al llegar la figura de Zeus a Roma se asimila con la de Júpiter. El genio de Roma se manifiesta en ciertos detalles -a veces resurge la égida– y plantea un tema propio del Imperio: el de Júpiter señor del cosmos”, a veces aparece rodeado de astros, y en muchas ocasiones con la esfera del mundo como tributo o acompañado por la Victoria.

© The Trustees of the British Museum

© The Trustees of the British Museum

Con la llegada del cristianismo, Zeus es el dios perseguido con más ensañamiento y rencor, como símbolo del paganismo en su conjunto. Pero Zeus es el dios todopoderoso y sobrevivirá esta época con grandes cambios en su iconografía. Zeus-Júpiter se convierte en un planeta., traducción a la astronomía clásica del babilonio Marduk. Desde finales del Helenismo se le ha otorgado un día de la semana -el jueves-, y sus funciones se multiplican en las ramas más diversas del saber tardoantiguo: en metalurgia y alquimia, simbolizan el estaño; en la teoría de los cuatro elementos, puede asimilarse al fuego o al aire, y en la teoría médica de los humores, controla la sangre, origen del entusiasmo y la vitalidad.

Petrarca y Boccaccio volverán a recuperar las características clásicas del dios a través de sus estudios. Investigan los atributos de Zeus. Son muchos los artistas del siglo XV que le retratan con sus atributos clásicos. Taddeo di Bartolo pinta un Zeus barbado con túnica y manto, con un cetro en una mano y una piedra flameante en la otra. Debajo de él una águila volando. Aunque la tradición antigua todavía está presente, así los Tarots de Mantegna muestran al dios-planeta como un rey medieval. Es en el Templo Malestiano de Rímini donde se da un paso fundamental: Júpiter se agita irritado, sacudiendo su melena, sólo recubierto por un manto y unas sandalias, y lleva como atributos el águila, un roble y tres rayos en forma de varas.

En las miniaturas de h. 1500 la figura clásica de Júpiter queda restablecida, identificada a través de monedas y relieves romanos, tomando su forma definitiva en los relieves que pinta Rafael para la Farnesina.

En los siglos XVI y XVII se reproduce la imagen del dios romano con los matices de estilo impuestos por la época, aunque sin la grandeza religiosa que supone el verdadero culto. Suele ser representado en ciclos de planetas o dioses, casi siempre erguido en las esculturas y a menudo cabalgando sobre su águila en las pinturas y grabados. También es representado en posturas crispadas y dinámicas que sacuden su abultada anatomía como símbolo de su poder.

Estas formas violentas siguen en el Neoclásico, cuando los artistas vuelven su mirada a la antigüedad greco-romana y buscan sus modelos en las mejores estatuas de culto antiguas, como nos muestra J.A.D. Ingres en su cuadro Tetis implorando a Júpiter, que se inspira en el Júpiter de Otricoli y en un pasaje de la Ilíada.

Jupiter et Thétis, 1811 © Photo H. Maertens

Jupiter et Thétis, 1811 © Photo H. Maertens

Debido a su carácter de monarca absoluto no es un personaje que resulte muy interesante para las inquietudes del mundo contemporáneo y ya no encontramos imágenes relevantes de este dios.

En cuanto a su sentido alegórico, Júpiter fue visto como exponente de la inteligencia o la fuerza viril. Sin embargo, no logró nunca convertirse en una personificación de estas calidades, y su imagen se tornó, más bien, en torno a la idea del poder: poder del Estado, poder del monarca, poder de Dios, como mostró P. Veronés en Júpiter fulminando los vicios o J. Tintoretto en Júpiter proclama a Venecia reina del mar.