Este post continúa lo expuesto en el anterior, dedicado a la indumentaria en la Antigüedad.

Bizancio:

El traje cortesano acapara nuestra atención por su riqueza: bordados, gemas, orlas, tejidos de oro, pesadas coronas. La influencia persa es aquí indiscutible, e incluso se repiten los mismo motivos iconográficos que se trasladarán también al traje rico de los Omeya islámicos, al traje otomano y a la indumentaria búlgara y rusa. La influencia en el guardarropa litúrgico ortodoxo se mantiene vigente.

Los primeros emperadores bizantinos –nos referimos a los mosaicos de Justiniano y Teodora en Rávena– vestían ricas túnicas talares de manga larga (paragaudion) y clámides con un rectángulo decorativo denominado tablion. La clámide púrpura estaba reservada al emperador; los dignatarios la visten blanca.

La corona inicial, una diadema cuajada de gemas (stephanos) se amplía desde el siglo V y puede recibir incluso series de cadenitas (stemma). La emperatriz Teodora luce además un torque o gorguera de gran lujo (maniakis).

En el siglo X se incorpora un pesado echarpe bordado de oro y joyas, el loros, y su versión más estrecha, el thorakion. En el XII llega la corona rígida semiesférica (camelaukion), modelo de la mayoría de las coronas occidentales desde entonces. Por fin, entre los siglos XIII y XV se asienta el empleo de la dalmática extremadamente rígida y pesada de gruesos bordados (sakkos) y el caftán de mangas flotantes anudadas a la espalda (granatza) que retomarán las dinastías turcas que aplastan el poder bizantino.

Diapositiva5Teodora y su séquito, San Vital (Ravenna)

Edad Media occidental:

Alta y Plena Edad Media (500-1250)

Lejos de los fastos bizantinos, el traje en el Occidente cristiano desarrollado en los siglos de las culturas prerrománica y románica (aproximadamente entre los siglos V y XII) se circunscribe a la lana y la austeridad.

La prenda fundamental es la túnica de lana de mangas largas, talar para la mujer y un poco más corta para el hombre. Debajo de ella puede vestirse una túnica como toda prenda interior, precedente de la futura camisa, y sobre ella, túnicas más vistosas y cortas y mantos.

En Francia llaman a la túnica gonelle, nombre cercano al que también se empleaba en Aragón (gonela), mientras en Castilla se decía “cota” o “saya”. Los hombres también usan calzas, la antigua femoralia o braccae de los bárbaros. En Inglaterra llamaban smock a la túnica interior y kirtle a la gonela.

Diapositiva23Sacramentario de Metz, S.IX

Baja Edad Media

Influencia de las cruzadas. El mayor contacto entre Europa occidental y oriental se produjo a través de las cruzadas. Llegaron a Europa nuevos colores y decoraciones que fueron rápidamente asimilados. Por otra parte, el incremento de la riqueza en Occidente, ante un Islam detenido en el sur de España y un Bizancio menos próspero, permitió el establecimiento de ciudades y gremios específicamente dedicados al vestido, con lo que se ganó en hechuras, variedad y ornamentación.

Algunas zonas comienzan a destacar por su producción pañera, como Frisia (futura Flandes) y otras por la confección (París contaba con 700 sastres a finales del siglo XIII).

La lana supone el 90% de la producción textil. La de Flandes es de gran calidad, pero muy cara y pronto no podrá competir con la italiana. El algodón, introducido por los árabes en la Península Ibérica, comenzará su esplendor a partir del siglo XIV, en paralelo a la seda. El lino se trabaja en Alemania, Suiza y Baviera.

Las mujeres sólo visten la camisia o túnica interior; los hombres añaden calzones (braies en Francia, bragas en España) y calzas o medias (hoses o chausses en Francia), a veces con ligas para anudarlas a los calzones. Los calzones se fueron acortando al tiempo que las calzas fueron subiendo por la pierna hasta alcanzar el medio muslo en el siglo XII. Darán lugar a las calzas enteras (hasta la cintura) del Renacimiento.

Sobre la ropa interior se visten las túnicas propiamente dichas, siempre de mangas largas, y que reciben nombres diversos: gonela, cota, saya, etc.

Encima de la túnica, una persona humilde apenas añadirá un manto (los vemos un poco más abajo). Sin embargo, una persona pudiente exhibirá su riqueza con una túnica de encima de buen paño y alguna ornamentación. Estas túnicas ricas reciben nombres como brial, cota, garnacha (sin mangas, pero con amplias sisas) o pellote (una especie de falda con peto y espaldera estrechas).

Los mantos humildes son los más funcionales: la capa con capucha (capirote, balandrán) procede de la antigua clámide o paludamento.

El caftán (túnica abierta como un abrigo) también distingue a personas principales. Se denomina “tabardo” y las mangas no son practicables sino unos meros colgajos de adorno que a veces se anudan a la espalda.

El capítulo más variado es el de los tocados, y abarca desde cofias o pañuelos ajustados al cogote hasta complejos sombreros. A menudo se superpone el sombrero a la cofia. En España, además, las mujeres usan tocas y turbantes por influencia islámica; y, en toda Europa, un tocado a la moda es el barboquejo (barbette), faja de lino que recoge el óvalo del rostro bajo la barbilla.

Diapositiva26Museo Diocesano de Barcelona

Es en la Edad Media cuando se configura parte de lo que conocemos como vestido moderno, ajustado a las formas corporales, y que será clave para la evolución de la indumentaria en la Edad Moderna y Contemporánea.