Avión de la Selección Nacional de Brasil, pintado por los artistas "Os Gemeos"

Avión de la Selección Nacional de Brasil, pintado por los artistas “Os Gemeos”

El creciente interés por el arte de Iberoamérica se deja sentir en la multiplicación de las iniciativas museísticas en Europa, Estados Unidos y Oriente Medio que tratan de estrechar lazos con el continente americano: desde exposiciones temporales (Guggenheim de Nueva York, Centro Georges Pompidou de París, la Tate Modern de Londres…), hasta bienales, salones y ferias. Esta difusión fuera de las fronteras es esencial, pues el mercado interior latinoamericano es incapaz de competir con las grandes capitales artísticas. Iberoamérica no supone nada más que el 0’14% del mercado mundial de arte contemporáneo. No obstante, las grandes casas de subastas organizan ventas de arte exclusivamente latinoamericano, tendencia que inauguró Sotheby’s en 1979.

Los precios suben para las firmas históricas del siglo XX; los artistas de los años 60 han sido muy revalorizados, como se puede comprobar con autores  brasileños como Sergio de Camargo, que vendió su escultura blanca Untitled por 1’8 millones de euros en Sotheby’s Nueva York en 2013, o Mira Schendel, cuyo Sem Titulo (Objeto Gráfico) fue vendido por 513.100 euros.

Algunos artistas iberoamericanos alcanzan precios multimillonarios en subastas. Artistas como Frida Kahlo, Diego Rivera, Rufino Tamayo,  Alfredo Ramos Martínez, Roberto Matta, Emiliano di Cavalcanti o Wilfredo Lam conforman el “alto nivel” de las listas de arte latinoamericano.

"Las dos Fridas", de Frida Kahlo.

“Las dos Fridas”, de Frida Kahlo.

Hace ya más de 30 años que el mercado del arte contemporáneo difunde el arte realizado en los países de esta órbita en las grandes casas de subastas. En 2008 Christie’s y Sotheby’s vendieron este tipo de arte por valor de 71’5 millones de dólares, si bien en 2009  registró una caída del 40%.

Uno de los focos más importantes de el hemisferio sur de América en producción artística es Brasil, cuya paradoja reside en un tejido económico y social inestable pero con una enorme tradición de vanguardia. El panorama artístico brasileño despertó en la década de 1990, con la apertura que siguió a la dictadura militar y el creciente número de millonarios. La población brasileña siempre ha mostrado interés por el arte; en San Paulo se celebra desde 1951 la segunda bienal de arte más antigua del mundo, después de la de Venecia. Además, el país es muy dinámico a la hora de abrir sedes de arte contemporáneo; no obstante, a pesar de este dinamismo, las  ventas en subastas de Brasil representan en el mercado mundial del arte contemporáneo sólo un 0’6%. Una de las principales trabas que impiden un mayor desarrollo de este mercado son los impuestos a la importación -con una tasa del 43%.

Adriana Varejão, una de las artistas brasileñas más cotizadas, basa su obra en el pasado colonial, la memoria histórica de la esclavitud, el arte barroco y el teatro, encarnando perfectamente la compleja y polifacética cultura brasileña. Su récord personal lo tiene su obra Wall with Incisions a la Fontana II, que alcanzó 1’13 millones de euros. Como señalan los expertos de Artprice, “tal consagración de una artista femenina en el mercado es lo bastante inusual como para ser subrayada”, pues forma parte del grupo de las 14 artistas vivas cuya obra ha alcanzado alguna adjudicación superior al millón de euros (frente a 163 hombres).

"Wall with Incisions a la Fontana II", de la brasileña Adriana Varejão.

“Wall with Incisions a la Fontana II”, de la brasileña Adriana Varejão.

 

La otra artista brasileña más cotizada resulta ser también una mujer: Beatriz Milhazes, cuyos lienzos toman inspiración en la cerámica, la joyería, el encaje, la arquitectura barroca, o la bossa nova, todos ellos aspectos típicos de su país. Milhazes superó la cifra de 100.000 euros en la venta de una obra en 2005, y en 2012 llega a alcanzar casi los dos millones de euros con su obra Meu Limäo.
Los lienzos de esta artista ya forman parte de las colecciones de los grandes museos, como el MoMA, Guggenheim o el Metropolitan de Nueva York.

"Meu Limäo", obra récord de adquisición de Beatriz Milhaces.

“Meu Limäo”, obra récord de adquisición de Beatriz Milhaces.

 

Ernesto Neto es uno de los principales artistas brasileños, aunque sus resultados en las subastas están muy por detrás de las artistas anteriores, ya que “el mercado es reticente a apostar por las instalaciones frágiles” . Su récord de subastas se remonta al 2001, con un precio de adjudicación de 51.000 euros por su obra It happens in the frictions of the bodies. Sus esculturas amorfas, rellenas de polietileno y especias olorosas, se ofrecen en el mercado secundario como algo fuera de lo común, aunque por el momento la obra de Neto escapa de la especulación  por motivos prácticos.

"It happens in the frictions of the bodies", del brasileño Ernesto Neto.

“It happens in the frictions of the bodies”, del brasileño Ernesto Neto.

 

Fuera del gran foco brasileño encontramos artistas como el cubano Félix González-Torres, fallecido en 1996. Su obra está impregnada de tendencias conceptuales y minimalistas, así como de las teorías de la reproductibilidad benjaminianas. Con esas herramientas examina la fragilidad de la vida haciendo hincapié en el SIDA, la política, la homosexualidad, y el sistema sanitario. González-Torres es el típico ejemplo de artista consagrado póstumamente en el mercado.  Su récord fue alcanzado en 2010 por su obra Untitled (Portrait of Marcel Brient), que alcanzó los 4 millones de dólares. Algunas obras de precio más asequible (de 600 a 1.000 euros), como grabados, pasan por las salas de subastas más frecuentemente, mientras que para adquirir una instalación hay que llegar, como mínimo, a los 300.000 euros.

"Untitled, Portrait of Marcel Brient", del artista cubano Félix González-Torres.

“Untitled, Portrait of Marcel Brient”, del artista cubano Félix González-Torres.

 

Un caso llamativo es el del artista colombiano Óscar Murillo: no llega a los 30 años y ya es uno de los más deseados de la escena internacional; de hecho, es el artista joven de origen latinoamericano más cotizado. Desde 2013, sus 40 lotes vendidos han reunido 5’8 millones de euros. El éxito de Murillo reside en que vive en Londres, lo que le ha permitido una apertura internacional decisiva – además de sus cualidades artísticas.
Desde que en 2011 empezara a exponer sus obras en grandes salas de exposiciones, Sotheby’s, Christie’s y Phillips lo incluyen frecuentemente en sus catálogos.
En septiembre de 2013 se hizo pública su incorporación a la galería David Zwirner, una de las más importantes de Nueva York y en las casas de subastas se disparan los precios de sus obras multiplicando por once la estimación mínima de su obra Untitled, Drawings off the wall, hasta alcanzar una adjudicación de 330.000 dólares.

"Untitiled, Drawings off the wall", de Óscar Murillo.

“Untitiled, Drawings off the wall”, de Óscar Murillo.

 

La realidad es que los jóvenes artistas latinoamericanos registran pobres resultados en las salas de subastas, y su notoriedad raramente supera el ámbito local; Óscar Murillo es una excepción, un artista sin parangón que muestra que el éxito y la cotización ya no son sólo cuestión de tiempo, sino que ahora dominan otros factores, principalmente la especulación. Hay quien ha visto en Murillo un nuevo montaje comercial, que, tras el arte postcolonial, necesita crear, adoptar e incorporar artistas con cariz exótico -de nuevo el mito del buen salvaje a lo Basquiat-  al mercado autótrofo y wasp de la especulación artística.

Top 10 artistas menores de 30 años. Fuente: Artprice.

Top 10 artistas menores de 30 años. Fuente: Artprice.